Antes, solo eran de temer los
agentes del gobierno y los propagandistas privados que pululaban por ahí.
Ambos explotaban el hecho, justificado o no, de que la gente cree que la
letra impresa es seria y dice la verdad. Pero en la era de las webs, los blogs
y las comunicaciones por satélite todo esto ha llegado bastante más lejos.
El pasado mes de julio, Ryan Holyday, en la revista Forbes,
escribió un artículo notablemente interesante titulado What is Media
Manipulation? A Definition and Explanation (¿Qué es la
manipulación mediática? Una definición y una explicación). Holyday explica
que "actualmente, en nuestro ciclo mediático de blogs y webs, nada puede
escapar a la exageración, distorsión, invención o simplificación. Y lo sé
porque yo soy un manipulador mediático. Mi trabajo consiste en hacer que la
gente haga o crea cosas que de otro modo no haría o creería. La gente como yo
está ahí, tras las bambalinas, moviendo los hilos de los títeres".
Según Holyday, "cuando las noticias no se deciden por lo que
es importante sino por lo que los lectores clickean; cuando el
ciclo va tan rápido que las noticias no pueden ser sino necesaria y
regularmente incompletas… la manipulación es el status quo" y no la
excepción de la regla. Para el columnista de Forbes, "hoy
día, los medios –basados fundamentalmente en blogs- resultan atacados desde
todos los frentes, por el hundimiento económico de sus negocios, por fuentes
deshonestas, titulares inhumanos, cuotas de visionado, editores codiciosos,
escasa preparación, por la demanda de audiencia y por otros muchos factores.
Estos incentivos son reales tanto si eres el Huffington Post, la CNN o
un pequeño blog… Todo el mundo participa del juego, desde los bloggers sin
ánimo de lucro hasta el New York Times mismo. El acecho para
que clickees es demasiado apabullante como para que nadie se resista. Y
cuando todos juegan al mismo negocio la línea ente lo real y el embuste se
torna indistinguible".
La idea que propone Holyday para definir la manipulación
mediática es que ésta explota el derrumbe de la fiabilidad de los medios:
mientras que dicha barrera se ha hundido, la percepción de la citada
fiabilidad no lo ha hecho. En definitiva, explotan la barrera entre realidad
y percepción. ¿Cómo? Muy fácil: a causa de una equívoca idea de prestigio.
Cuando un pequeño blog resulta más fiable que El País, con todos
sus teletipos, agencias, personal e infraestructura, entonces "el diario
global en español" juega la baza de los medios materiales y exhibe sus
millones de "clicks", sus posicionamientos en buscadores, etc.
Entonces, "la gente cree que donde hay humo hay fuego… y lo irreal
deviene real".
La visión de Holyday es interesante porque puede verse que
los medios son, en realidad, tratantes de noticias y no están, como se nos
dice, para garantizar el "derecho a saber" sino para construir
estructuras de poder. Tanto es así, que la única manera que existe de influir
en los medios es el dinero. La aparición del artículo aquí comentado inserta
en el revuelo –por otro lado discreto- del asunto de Amber Lyon,
la célebre periodista de investigación enviada por la CNN a
Bahrein, para informar desde allí de la primavera árabe.
Lyon obtuvo una serie de testimonios de primera mano que
evidenciaban la cruel represión del gobierno de aquél país –respaldado por
EEUU- contra disidentes. El documental resultante, iRevolution,
jamás fue emitido por CNN porque el gobierno de Bahrein,
según Lyon, había pagado para que no apareciesen en ese medio
noticias negativas sobre el régimen. Según pudo saber más tarde, la práctica
era habitual en el caso de la CNN, de modo que otros gobiernos ya
habían decidido anteriormente sobornar a la cadena para no aparecer en sus
reportajes en tono negativo. Más tarde, la agencia oficial del régimen sirio, SANA,
reveló que la propia Amber Lyon había dicho que la CNN le
obligaba a censurar noticias positivas sobre Siria e Irán y a introducir
otras falsas.
En consecuencia, la cadena no se prestaba solamente al soborno por gobiernos
extranjeros, sino que se plegaba dócilmente a las tesis del gobierno. Incluso
ese mismo gobierno había decidido pagar a la cadena para que no emitiera el
reportaje de Nick Robertson sobre el ataque a la embajada
estadounidense en Egipto que, según Hillary Clinton, se había
producido a causa de un vídeo antiislámico en Youtube, cuando en realidad se
debía a las protestas de la población por la liberación por EEUU de Omar
Abdel-Rahman –apodado "el sheik ciego"-, según se
desprendía inequívocamente de una entrevista con Mohammed Al Zawahiri,
hermano del dirigente de Al-Qeda, Ayman Al Zawahiri. Se pretendía
que la administración Obama no quedara como mentirosa en un asunto tan
peliagudo como el ataque a una de sus embajadas.
Prácticas de este tipo son de uso común en todos los países de Occidente. En
nuestro país, sin ir más lejos, pueden ponerse multitud de ejemplos sobre la
importancia de los medios en la lucha por extender el control social y el
modelado de la opinión. Así, el presidente Zapatero fletó el
grupo Mediapro para garantizar la existencia en España de dos grandes
cárteles mediáticos de carácter "progresistas", quitándole el
monopolio al cártel de Prisa.
Más recientemente, ha podido explicarse el cable lanzado por este importante
medio a la familia Pujol –para tapar sus corruptelas y sus
actividades sediciosas-, a causa del alquiler que el Grupo Prisa paga a la
citada familia por los locales de algunas de sus empresas.
¿A dónde queremos llegar con todo esto? Pues a que los medios, aún los
mejores, no son de fiar y que a día de hoy es mejor formarse que informarse.
Mucha gente dedica horas de su tiempo a leer diariamente las noticias que
escupen una tras otra los principales medios de comunicación o a ingerir
pasivamente las opiniones de los cientos de "tertulianos",
"críticos" o "analistas" que invaden nuestras ondas.
Sería de mayor utilidad, sin embargo, dedicar el tiempo a adquirir una
formación profunda, humana e intelectual, sobre el mundo en que vivimos,
sobre sus circunstancias y sobre las tremendas luchas ideológicas que anegan
el alma del hombre moderno. Cuando esto se logra, resulta imposible no
contemplar a tanta opinión y a tanto personaje como el espectáculo servil de
una serie de peones del poder, que bregan para que se les permita subsistir
en las aguas procelosas de un sistema para el que todo el mundo es
prescindible.
|